martes, 13 de junio de 2017

Mi maestro dijo adiós

Escrito por Iraldo Leyva Castro
La noticia me hizo regresar en el tiempo. Corría el año 1986 cuando en la Feria Agropecuaria de la ciudad de Holguín tuve el enorme privilegio de estrechar por vez primera su mano, una diestra callosa, huella palpable de un laboreo intenso.
Su presentación fue más o menos así: “Yo soy Porfirio Manzano Duarte, natural de Potosí y me conocen en toda la isla como el Indio Azteca”.
No imaginé que aquel pequeño hombre que apenas sobrepasaba las 130 libras de peso era un gigante como persona, un gigante en el mundo del Rodeo, un gigante como maestro y de cuya sabia bebí hasta saciarme.
Como alumno no lo hice quedar mal, pues en poco tiempo ya me encontraba narrando en la Feria Internacional de Rancho Boyeros, la plaza más auténtica de esta disciplina en Cuba. Entonces como evitar que mis ojos se humedecieran al conocer la noticia de su partida física.
Fue el Indio Azteca el que trajo el Rodeo al Oriente cubano, fue quien creo la primera escuela, la cual estuvo enclavada aquí en Buenaventura y de donde salieron figuras del calibre de Reynaldo Ricardo y Carlos Diego, entre tantos otros.
Fue el Indio Azteca el que se mantuvo décadas y décadas allí en la Feria del Valle de Mayabe, al tanto de cada enlace, de cada derribo, de cada monta y alentando a las bellas amazonas y a los intrépidos acróbatas.
Fue, es y será por siempre Porfirio Manzano el Padre del Rodeo en la provincia de Holguín. Gracias maestro, que suene la ranchera y, con su contagiosa melodía, descanse en paz en el cielo.

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